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EL EMPRESARIO Y LA INCERTIDUMBRE


Jacinto Marín Rojas

El ser humano no puede vivir sin incertidumbre; la incertidumbre es una constante de vida y se entiende como falta de confianza y seguridad en planes y acciones, generando a su vez expectativas, azar, contingencia y suspenso, y en el caso venezolano hasta crueldad. El empresario, por la naturaleza de su actividad, es sujeto de la incertidumbre porque en cada decisión de negocio la incertidumbre es infalible y se evidencia cuando no se sabe de manera confiable y anticipada la probabilidad de un resultado en un período estimado. Cada vez que se inicia un proyecto hay una idea (propósito) de lo que puede suceder, pero no se sabe lo que finalmente ocurrirá. Los resultados no dependen solamente de la actuación del empresario; dependen también –y casi siempre en mayor proporción- de las políticas públicas y otras acciones que tome el gobierno de turno. Lo que también es cierto es que el empresario no puede evadir la incertidumbre y sabe enfrentarla porque para él ya es costumbre; es pensamiento que se repite con frecuencia.

La mayor incertidumbre en el ámbito empresarial se genera cuando hay inestabilidad en la política y la economía y ese es, precisamente, el caso venezolano actual. En lo económico, el nuevo ensayo del gobierno, similar a los tantos que han fracasado y cuyos fracasos han sido reconocidos por el propio gobierno, ahora tiene el rimbombante nombre de “Programa de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica”. El mismo nombre insinúa la falta de confianza y credibilidad de su cumplimiento, además de la improvisación y las contradicciones que se han evidenciado en el inicio de su ejecución. La inconsistencia de los anuncios y la dosificación informativa son demostraciones fehacientes de la realidad. Y lo más importante: no hay metas ni plazos para cumplirlos. La única meta definida es simplemente una utopía: poner el déficit fiscal en cero cuando actualmente es de 20% del PIB. Se considera utópica cuando se observa que 26 países en Europa promedian un déficit de 4.6% y solo tres han tenido superávit: Noruega, Suecia y Hungría, según un estudio reciente de la Unión Europea y según la Cepal en América Latina ningún país tiene déficit cero.

Los controles de precios, de cambio y de salario que se repiten una vez más en el nuevo paquete de medidas han creado la mayor incertidumbre que haya tenido los empresarios venezolanos. El no poder definir una estrategia de sobrevivencia, en razón de la inconsistencia y la improvisación demostradas por el gobierno, ponen al empresario en un círculo de preguntas inducidas y respuestas nada fáciles. ¿Qué hacer? ¿Sigo aguantando? ¿Hasta cuándo? ¿Absorbo el aumento salarial después de los tres meses? ¿Qué hago con las prestaciones? ¿Busco financiamiento? ¿Reduzco la nómina? ¿Vendo parcial o totalmente los activos? ¿Cierro la empresa? Son interrogantes que colman la preocupación y reducen a su mínima expresión la certeza en el desiderátum de buena parte de los empresarios. Es cruel pero también real, y es tan real que ya muchos han tomado decisiones en respuestas a estas interrogantes. La crueldad deviene de un ambiente altamente confuso que intencionalmente o no ha creado el gobierno, donde la información es entregada a cuenta gota y lo que se dice hoy se contradice mañana, y eso es nada tranquilizante para el empresariado.

La guinda de la torta es la que dice que las medidas de este gobierno –las de ahora y las del pasado- son para proteger el salario de los trabajadores cuando las experiencias indican todo lo contrario y el poder adquisitivo se reduce cada vez más.

03 de septiembre de 2018



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